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jueves, 17 de marzo de 2011

TREPADORES A LA MANSA

Carrera ciclística Trepadores a la Mansa
Los amantes del ciclismo tendrán la posibilidad de participar en la primera gran carrera ciclística Trepadores a la Mansa en bicicleta todoterreno, la cual tendrá lugar el día 21 de marzo de 2011, carrera que tiene como sitio de partida, Parque Principal de Ciudad Bolívar (Antioquia) y como lugar de llegada el corregimiento de la Mansa, (Carmen de Atrato-Chocó), un recorrido de 15Km. En la carrera se premiarán los tres (3) primeros lugares en cinco (5) categorías

Categorías y premiación

Hombres:
1- de 25 años a 35 años de edad
2- de 36 años a 45 años de edad
3- de 46 años a 55 años de edad
4- de 56 años en adelante.

Mujeres:
1- mayores de 15 años de edad.

Premiación:
Primer puesto en cada categoría: $100.000 y un hermoso trofeo
segundo puesto en cada categoría: $ 70.000
tercer puesto en cada categoría: $ 50.000
se rifaran premios entre los participantes.
Anímese y participa.

Inscripciones
Almacén Suzuki de Ciudad Bolívar, con el señor Carlos Arturo Giraldo
Taller de bicicletas del Almacén Motociclismo Ciudad Bolívar con el señor Hernán Dario Montoya
Indeportes Ciudad Bolívar con el señor Nelson Herrera.



VIDEO DE KANO VIDEO DIGITAL Y JAIRO ARIAS GRACIAS TOTALES

domingo, 27 de febrero de 2011

El rincón de Elbace Restrepo



Emoticones de carne y hueso

Elbacé Restrepo | Publicado el 27 de febrero de 2011
Voy a empezar con una infidencia de familia. A mi mamá, de soltera, sus hermanos le decían "la desempacadora", porque siempre era la primera amiga de cuanto forastero llegaba a Ciudad Bolívar, bien de paso o para quedarse, por allá en sus tiempos. Ser inteligente, amable y una excelente conversadora, además de bonita, fueron virtudes que le depararon ese lindo oficio, del que se sentía muy orgullosa y que le dejó grandes amigos para el resto de su vida.

Pero más que hablar, y muy bien, ella sabía escuchar a los demás, con ojos, corazón y oídos.

De los avances tecnológicos alcanzó el teléfono y pare de contar. No supo de ¡pods, de ¡pads, de celulares ni de trinos. Menos de chats, ni de correos electrónicos. Si acaso, ya de adulta, pudo haber usado uno que otro pbx donde una secretaria contestaba "Empresa X, buenas tardes, le habla fulana, ¿en qué le puedo ayudar?". Pero no sufrió la deshumanización de una llamada a través de un menú, un submenú y muchos submenucitos, si cabe la palabreja.

Ahora es distinto: "Usted se ha comunicado con X. Para español, marque 1?". Y empieza el calvario. La dificultad de la comunicación es directamente proporcional al tamaño de la empresa. A más grande, más remota la posibilidad de lograrla.

Creo que nadie ha escapado al martirio de una llamada impersonal, pero, por si acaso, sugiero que tomen el teléfono y llamen a alguna entidad importante, de preferencia prestadora de servicios: EPS, Tránsito, DAS, en fin, cada quien elige. Tome el tiempo que pasa entre el primer repique y que un ser humano le conteste. Mientras tanto, bostece al ritmo de una grabación que nunca tiene en el menú la opción para resolver la inquietud que originó la llamada. ¿Qué hacer? Rendirse y colgar, o esperar a que alguien atienda al fin y pase la llamada a otra dependencia donde, a su vez, nunca contestan. O que se active otro submenú interminable que requiere una clave previa que usted no tiene. A estas alturas no se necesita tener alzhéimer para preguntarse a qué diablos fue que uno llamó, mientras la paciencia se quedó lejos hace rato. ¡Réquiem por el tiempo perdido!

Mi mamá se murió muchos años antes de que el arte de una buena conversación fuera una costumbre en desuso. Por fortuna, no le tocó tragarse la lengua por falta de interlocutores, ni el auge de dedos oprimiendo teclas para "conversar", incluso, con quienes están en el mismo recinto.

Benditos los avances que nos facilitan la vida, pero de ahí a permitir que nos enfríen hasta congelarnos y que nos aíslen dentro de una multitud, hay gigas de distancia.

Siempre que las circunstancias lo permitan, me quedo mil veces con los emoticones de carne y hueso, seres humanos en ejercicio que miran, hacen gestos, lloran, mueven sus manos, abrazan y se ríen de verdad, no je, je, je.

El celular para emergencias. La internet para salvar distancias, pero, de preferencia? otra ronda de café para esta mesa, por favor. ¿En qué íbamos?

sábado, 29 de enero de 2011

Ida Al Malec♀n en el Chocó



Vemos lo que pasa a diario en el Malecón en Quibdo, se nota la rutina y el espectacular acontecer de una comunidad frente a este malecón,donde podemos disfrutar de este bello paisaje y de ese atardecer a orillas del río Atrato, espero disfruten de estas imagenes.

Vídeo de Jairo Arias. P

domingo, 16 de enero de 2011

El rincón de Elbace Restrepo

"Dulcineas" para el alma


                                                                     Elbacé Restrepo  Publicado el 16 de enero de 2011

Le dicen Pícolo, con tilde y sin doble c, pero se llama Carlos. A la pregunta de Carlos qué, dice simplemente "Anntooniiiio", con el dejo obligado de la obviedad. Tiene dieciséis años y pocos dientes. Diseñando su sonrisa se graduarían muchos odontólogos de varias especializaciones.

Sus ojos son grandes, negros, crespos y curiosos. Los abre con la ansiedad del que no quiere perderse de nada. Sonríe fácil y conversa sin complejos. No sabe de oportunidades, pero eso no ha sido disculpa para delinquir. Va a repetir primero de primaria y se ocupa, los fines de semana, de acomodar carros en la zona de parqueo, pero a veces cambia de oficio: atiende a los visitantes. "Cuando quiera chunchurria me dice que yo se la traigo". Con mucho gusto y de parte aseada. No conoce a Medellín, pero gracias a alguien que se conmovió, con el permiso de su familia estará por aquí una semana. Quiere ver cine en 3D, montar en metrocable y conocer un centro comercial.

Pícolo es mi disculpa más reciente para hablar de mi terruño, y es nuevo en mi inventario de personajes locales. Muchos desaparecen así como llegaron, pero todos, cubiertos por un polvillo de añoranza, han dejado sus huellas en la memoria colectiva.

Volver al pueblo donde uno nació, llámese como se llame, es un ejercicio de nostalgia que nos devuelve a una época inolvidable, cuando creíamos que nuestro "inmenso" territorio era todo el universo, aunque la retina infantil no abarcaba más allá de lo que se veía por encima de los samanes de la plaza. Una nadería comparada después con la extensión de la Tierra, pero que logró atarnos, irremediablemente, y para siempre, a un pedazo de suelo donde muchos somos más felices que en cualquier otro lugar del mundo. A mí, personalmente, me pegaron con pegaloca extrafuerte a las raíces de la ceiba. Y a mis raíces.

¿Serán las vivencias? ¿Serán los señores recuerdos que se llevan entre pecho y espalda, en el andar y en el hacer?, porque los seres humanos no dejamos nada atrás. "¡Oh!, ¿que será, qué será?". No lo sé con certeza, pero volver a ver las caras amables de siempre, o las siempre adustas, entrar a la iglesia de tantos domingos, pasar por la escuela aunque ya no esté la "señorita", notar cómo envejecen las amigas de mi mamá, confirmar que las de mi abuela ya no pisan las calles y ver la camada que empieza a recorrerlas, es traerse un costalado de "dulcineas" para recargar el alma.

Quienes volvemos de puente en puente, en agradecimiento por los beneficios recibidos, deberíamos asumir un compromiso que incluyera algo menos egoísta que calmar los antojos de comida y de rumba. En la medida de nuestras capacidades podríamos retribuirle al pueblo los afectos, la acogida y, sobre todo, la esencia de lo que somos.
Apadrinar un estudiante veredal, "adoptar" un viejito del asilo o pagarle el restaurante escolar a un niño pobre, puede ser un buen punto de partida. Yo, por mi parte, ya tengo definido mi objetivo. ¿Quién me sigue?

Extraido de el colombiano.com