domingo, 7 de noviembre de 2010

el rincón de Elbace Restrepo





La alcaldesa y su esposa


Elbacé Restrepo
Publicado el 7 de noviembre de 2010


"¡Vea pues, siempre se casaron ese par de mujeres!". El entrecomillado hace parte de una retahíla de Gloria, la señora que me ayuda en los oficios varios, refiriéndose al "matrimonio" entre la alcaldesa de Chapinero y su novia Catalina. Y no paró ahí.


No valió que le explicara que lo que hicieron "ese par de mujeres" fue legalizar una unión marital de hecho, que no es lo mismo que el matrimonio como tal. "Es la misma gata, pero revolcada", dijo. Tampoco la convencí de que la modernidad se abrió camino a empellones, qué le vamos a hacer. Negaba con la cabeza mientras buscaba polvo inexistente en una mesa que ya había limpiado varias veces.

Finalmente, le dije, cada quien hace de su capa un sayo. "Ah, sí", reconoció, "pero para qué hacen público lo que debería ser privado", y terminó su cantaleta con una frase predecible, que desde hacía rato me esperaba: "¿Para dónde va este mundo, por Dios?". Vencida por la lógica de sus argumentos simples, guardé silencio. Era imposible convencerla de lo que yo tampoco estaba convencida. Suspiramos al tiempo.

Tengo reservas, todas, frente al matrimonio entre homosexuales. Y ni pensar en la pretensión de algunos de ellos de convertirse en padres, adoptantes o por algún método científico. Ningún niño merece tener una familia tan disfuncional.


Al margen de cualquier consideración religiosa o moralista, pero sí estética, por lo menos, no me acostumbro a ver a dos personas del mismo sexo besándose o caminando tomados de la mano. Se me pone la epidermis como piel de ave, diría un amigo, y no de complacencia.


Con todo respeto por el derecho a la diversidad, me declaro negada para aplaudir este tipo de situaciones. No logro digerirlas, ni me interesa posar de moderna y librepensadora. Pero reconozco que este novelón, animado por la parafernalia farandulera, tan propia de los militantes del movimiento gay, nos pone por delante otras barbaridades frente a las que nuestra capacidad de asombro y de indignación cede terreno, con ayuda de la mala memoria.

Nos cuesta desearles que sean felices y coman perdices a dos lesbianas que se "casan", pero pasamos agachados ante otras realidades aberrantes, como por ejemplo que las Fuerzas Militares se vean comprometidas, frecuentemente, en dolorosos episodios de muerte. El botón más reciente es el horror de los niños de Tame. ¿Recuerdan aún los falsos positivos?

Ya se quisieran los homosexuales la tolerancia que asumimos frente a la corrupción impávida en las entidades estatales, la violencia familiar, el maltrato infantil y otras perlas con las que vivimos ahogados por tragar entero.


Como si hubiéramos puesto puntos suspensivos, Gloria retomó el tema rato después: "En ese par de mujeres hay una que quiere imitar al hombre. ¿Será que deja las tangas mojadas en el baño?". Adiviné ironía en su sonrisa fingida. No sé, pero sí creo que el orden natural de una pareja es otro. Hacen falta yiyos y brasier para conformar una familia.

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